viernes, 21 de marzo de 2014

La Puerta de la Virgen

Queridos hermanos,

os dejamos un artículo publicado hoy por en el blog de ABC "La Capilla de San Álvaro" y cuyo autor es Luis Miranda.

POR Luis Miranda / Blog La Capilla de San Álvaro





Hoy hace seis años todo se escapaba de entre las manos, pero a la vez algo más fuerte y duradero empezaba. Por los caprichos de la luna era Viernes Santo, y ya quisieran los cofrades, todos, un tiempo tan dulce y tranquilo como el de estos días de espera y cultos, de túnicas que salen de la funda y de papeletas de sitio.
 
Se terminaba la Semana Santa de 2008, con la única falta del Miércoles Santo y un chaparrón inoportuno que obligó a volverse a la hermandad de la Sagrada Cena. El 21 de marzo era también viernes, aunque Santo, uno de los más decisivos que se recuerdan, aquel en el que la hermandad de los Dolores desafió a sus números históricos y acudió a la Catedral.
 
Fue mucho más que un día con cinco hermandades en las naves del grandioso templo, más que el día en que la Estrella enseñó a todo el mundo que una marcha fúnebre podía ser sobrecogedora y profunda en sus trombones y en la inspiración de sus autores de cabecera. Fue el día en que se empezó a pensar que era posible que todas las cofradías fuesen a la Catedral, y eso no lo podía hacer más que la Virgen de los Dolores, con toda la majestad de los siglos que han escuchado todas las súplicas posibles. El ejemplo, el faro, la guía que nunca señalará a un lugar equivocado.
 
La duda es humana y no todo el mundo tenía claro que la cofradía de los Dolores llegase a la Catedral la primera y no dejase retraso a las demás. Pidió la hermandad un voto de confianza y cumplió con creces, y regaló la estampa de su palidez eterna en las primeras horas de la tarde. Se acabaron los años de lentitud.

 Se pensaba que el día iba a caminar en el alambre de unos minutos, los que no había que perder para que todas las que tenían que venir detrás (Sepulcro, Soledad, Expiración y Descendimiento) se entorpeciesen y no pudiesen entrar en la Catedral porque las anteriores todavía no hubieran salido. Pero el alambre era una avenida tranquila, un camino sin peligro, y se vio desde las primeras horas de la tarde que para mí siempre sonará a «Desconsuelo» y al estreno en la calle de «Los Dolores» de José de la Vega.
 
Los minutos seguían diciendo lo de siempre, pero cuando la Virgen de los Dolores salió por la puerta de Santa Catalina, dulce y maternal como nunca ha dejado de ser, la cruz de manguilla del Sepulcro, brillo de espejos entre los capirotes de ruán, se acercaba a la Puerta del Perdón por la calle Judería. Hubo sonrisas de alivio, pero lo que entonces pasó fue algo más que un día ajustado de horarios. Aquel día empezó a caer la celosía, y los que rezan a la Virgen saben que Ella terminará por pasar debajo de una puerta que se debería llamar como Ella.
 
 
Fuente: Blog "La Capilla de San Álvaro" - Diario ABC - Edición Córdoba - 21/03/2014

http://abcblogs.abc.es/la-capilla-de-san-alvaro/public/post/la-puerta-de-la-virgen-15748.asp/

jueves, 20 de marzo de 2014

Vivencia de un hermano nazareno

    Este documento indica una caracterización acerca del modelo de vida que debe identificaral hermano Nazareno en todo momento, lugar y tiempo.
 
    Conforme a que el hermano nazareno es una persona bautizada por la iglesia católica, entonces debe asumir inicialmente y siempre el comportamiento y obligación de un cristiano católico, este comportamiento esta basado en ser fiel a las doctrinas y enseñanzas de nuestra iglesia, enseñanzas que nos han dado a conocer por medio de las catequesis, por los sacerdotes y religiosos en sus predicaciones, también el nazareno es una persona que acepta y cumple la voluntad de Dios en la vida, al igual que los mandamientos de la ley de Dios y los mandamientos de la iglesia católica, asistir a la misa dominical, participar de las actividades de la parroquia, entre otras características de cualquier hermano de la iglesia católica.
    La vivencia del nazareno se caracteriza por que es un hombre o mujer de Dios, es un fiel seguidor de Jesucristo, sus pensamientos, palabras, gestos y obras son claras evidencias que en su corazón habita el señor Jesús, es una persona ante todo humilde y sencilla, en su corazón no hay cabida para el orgullo, egoísmo ni odio, pero si hay cabida para el servicio desinteresado, la entrega por las obras de Dios, de la comunidad y las de su hermandad. Es una persona agradable, simpática en su forma de ser y actuar, una mujer u hombre que sobresale por su honestidad, mansedumbre, cordialidad y agilidad al llamado de las acciones que conllevan a servir a Dios, su hermandad y a su prójimo.
    Es una persona espiritual, pacifica, que valora su vida y la de los demás, su espiritualidad debe ser un arma muy fuerte para sobre llevar las diferentes situaciones de la vida y así ser ejemplo ante los demás seres humanos. El hermano nazareno es una persona entregada a la oración, a la permanente comunicación con Dios, asiste y recibe los sacramentos de la Iglesia Católica, es piadoso(a) a la virgen María y a la Santísima Trinidad.
    Los jóvenes nazarenos se deben caracterizar por ser obedientes a sus padres y personas mayores, por ser personitas ejemplares, de buenas ideas, buenos hijos en todo sentido, respetan a sus mayores y son educados con toda persona de cualquier lugar, también el joven nazareno es una persona que respeta y valora su cuerpo y dignidad humana, no se deje llevar por los vicios ni cosas mundanas que ofrece este mundo, es buen estudiante o trabajador por que aprecia su esfuerzo y el de sus padres de familia.
    Mientras que el nazareno adulto es una persona entregada a su familia, padres, esposa(o), novia(o), a los hijos, también a sus compromisos personales y/o matrimoniales y católicos, es una persona integral, madura en la fe y en la perseverancia para la marcha hacia el reino de Dios. Se debe caracterizar por ser responsable, sereno(a), prevenido, piadoso, y ante todo el cualquier hermano nazareno demuestra que ama a Jesucristo, a Dios y a la santísima Virgen María, y lo demuestra con su testimonio de vida que deja y ofrece a sus familiares, conocidos, amigos y demás seres vivientes.
 
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martes, 18 de marzo de 2014

Orgullo de Nazareno

En filas bien apretadas

Yo quiero ser nazareno,

Y contemplar a Jesús

Soportando su silencio.

Quiero ver sus finas manos,

Clavadas en su madero,

Quiero estar cerca de él,

Quiero ser su cirineo,

Quiero quitar las espinas

Que sus sienes van hiriendo,

Ayudarle a soportar

De los pecados el peso,

Secarle todo el sudor

Que transpira por el cuerpo.

Para vivir la Pasión,

Yo quiero ser nazareno,

Y formar eternas filas,

Que van de la tierra al cielo.

Con mi cara destapada,

Y concentrado en mis rezos,

Alumbrando su camino,

Con mi cirio derritiendo,

Acompañaré a María

En su duro sufrimiento.

Mujer, prepara la túnica

Y plánchamela al momento;

El capirote, cordones,

Y mis zapatos de negro.

¡Que ya siento los tambores!

¡Que ya el pueblo huele a incienso!

¡Que doblan tristes campanas

Por Jesús, que ya está muerto,

Y tengo que acompañar

A su madre en el entierro!

¡Qué orgullo más grande es éste,

Vestirse de nazareno,

Y acompañar a Jesús

Por las calles de mi pueblo!


Autor: Narciso Perea Fernández

Pregón de Semana Santa en Torrenueva (Ciudad Real a 15 de marzo de 2008)

 


lunes, 17 de marzo de 2014

Felicitación a la Hermandad de las Angustias

La Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores felicita de forma pública a la de Nuestra Señora de las Angustias por el magnífico traslado de su titular a su histórica y definitiva sede canónica de San Agustín. La jornada vivida el pasado sábado ha demostrado con rotundidad la profunda devoción de que goza esta sagrada imagen y el alto sentimiento religioso del pueblo de Córdoba. 

Por último, la Hermandad de los Dolores hace votos para que en la nueva etapa que ahora comienza en San Agustín se escriban brillantes capítulos en la ejemplar historia de la cofradía decana de Córdoba.

Esencia de Nazareno

Queridos hermanos y amigos,

a continuación os ponemos un artículo escrito por y para el Nazareno, su autor es D. Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz, y está publicado en la web de la Muy Antigua, Real e Ilustre Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo de San Agustín, Jesús Nazareno de las Penas, Nuestra Madre y Señora de la Consolación y Santo Ángel Custodio, de Granada.

Se acercan los días grandes que los cofrades esperan todo el año. En menos de un mes sumarán a su condición de cofrade la calidad de nazareno. Se sentirán, nos sentiremos, igualados por el ajuar de nuestra penitencia. La túnica de cola será el símbolo de nuestra humanidad, de nuestra mundanidad, arrepentida; el esbelto capirote, nuestras ansias de ascender en busca de la divinidad; serán nuestras sandalias el mínimo calzado de peregrino y nuestro ceñidor, de austero esparto, el emblema cuaresmal que refrena nuestras pasiones.

El hábito nazareno nos iguala, nos sentimos cómodos con él. El hábito nazareno es, tal vez exageradamente, objeto de nuestra veneración. Vestirse ese hábito es todo un rito. No podemos sustraernos a su encanto. En el templo, es símbolo de pertenencia comunitaria. Parece que somos más cofrades con él puesto, igualados, esto es, hermanados en esa fraternidad que constituye nuestra esencia.
 
Desconfiad de los que “salen de nazarenos”. Imitad a los que son, a los que se sienten, nazarenos. En este caso, como en todos los relacionados con la vida cofrade, conviene evitar la superficialidad. Por supuesto, nazareno es la persona revestida con túnica en señal de penitencia en las procesiones de Semana Santa. Pero, nazareno también es, según el Diccionario de la Lengua, el “que profesa la fe de Cristo”. Estos son los nazarenos auténticos, aunque los otros se parezcan mucho a ellos.
 
Tiene el hábito de nazareno una impronta romántica insoslayable y con ella su carga de sentimentalismo. Pero no es este hábito, no de debe serlo, un refugio para la emotividad, el negro sudario de ritos vacíos, el pañuelo interminable para enjugar nuestras lágrimas fáciles. Si sólo fuera esto, se habría desvirtuado su papel, reducido al cosmos del fetichismo cofrade que tanto alimenta nuestros sentidos, pero tan poco aporta a nuestro espíritu.
 
Para mí el hábito nazareno tiene dos valores irrenunciables: la identidad cofrade y la coherencia de vida. Revestidos de nazareno fortalecemos nuestro sentimiento de identidad. Igualados en la vestidura manifestamos nuestra unidad. Uniformados de negro manifestamos nuestro espíritu penitencial. El hábito no hace al monje, y menos al cofrade, pero indica una pertenencia: somos miembros de una fraternidad viva, aún más somos y nos sentimos sólo de Él, de Jesús de Nazaret.
 
La identidad se conforma con la expresión, la coherencia exige acción. Para mostrar nuestra identidad bastaría con la medalla de la Hermandad o con la presencia del estandarte corporativo, para manifestar nuestra coherencia somos necesarios nosotros mismos. Sólo somos coherentes cuando nos ponemos en camino. Por eso, peregrinamos en estación de penitencia, por eso acompañamos a nuestros Sagrados Titulares por las calles, por eso sabemos que cada estación de penitencia es distinta a la anterior, es mejor, más completa, porque avanzamos, porque no nos limitamos a dar vueltas en círculo.
 
Entonces, el hábito nazareno se convierte en símbolo de nuestra vida. Lo que somos y lo que creemos, lo que pensamos y lo que defendemos brota a flor de piel. No somos una persona distinta el Lunes Santo, revestidos de nazarenos, a la del resto del año. Si así fuera, habríamos profanado esas vestiduras, don del cielo con el que nos sentimos hermanos. Tiene entonces el hábito nazareno un plus de heroicidad. Un predicador del Siglo de Oro llamó a la “Cofradía un ejército, las túnicas, unos arneses; los capirotes, unas celadas; los escudos, divisas”. No es el combate por el combate, sino la lucha interior con nosotros mismos. Revestidos de nazareno, se me antoja que expresamos libremente lo que aspiramos a ser. Después, la calle, la vida, la casa y el trabajo nos esperan para ponerlo en práctica.
 
El nazareno auténtico, aunque no se dé cuenta, va siempre revestido de nazareno. Hay algo inequívoco en él que todos son capaces de apreciar. Es nazareno los trescientos sesenta y cinco días del año y uno de ellos, el Lunes Santo por ejemplo, lo manifiesta revistiéndose el hábito, calzándose la sandalia, ciñéndose el esparto y cubriendo su rostro con anónimo antifaz. No hace falta pregonar nuestros nombres en ese momento. No tiene sentido. Todos somos uno, aunque ciertamente Él nos conoce por nuestro nombre. De nada serviría escondernos de Él.
 
Los hermanos y hermanas del Cristo de San Agustín llevan a gala el hábito nazareno. Con frecuencia nos enorgullecemos de él y contamos los avatares de nuestra vida por las estaciones de penitencia consumidas, nuestras perspectivas de futura por las estaciones que ansiamos realizar. Así es la identidad cofrade, así debe seguir siendo.
 
Participar en la estación de penitencia como nazareno es nuestro derecho y nuestro deber. Ser nazareno en nuestra vida es nuestra perpetua aspiración. Unidas las dos actitudes, de estar y de ser, alcanzaremos el sentido auténtico de nuestra vocación penitencial y confraternal. Se dice que nunca el hombre es más grande que arrodillado ante el sagrario. De igual manera, nunca el cofrade es más grande que revestido de nazareno.
 
Los símbolos son esenciales en el mundo cofrade en que nos movemos, la coherencia de vida es, sencillamente, imprescindible.
 
Así será una vez más este Lunes Santo. Los nazarenos, fluyendo hasta nuestra iglesia conventual, serán un caudal callado de devoción, el testimonio de que creemos en lo que hacemos y hacemos lo que creemos. Nos sentiremos grandes con Él, nos sentiremos pequeños con Él, que a todo da lugar la estación de penitencia, pero sobre todo nos sentiremos de Él.
 
Muchos hermanos y hermanas vendrán de lejos, muchos traerán de la mano a sus hijos, muchos concentrarán sus permisos para estar ahí, para testimoniar el sentimiento de unidad. Algunos lo hacen con gran esfuerzo físico, incluso económico –pues hay hogares con tres o cuatro nazarenos-, pero saben que ese esfuerzo habrá merecido la pena y que no quedará sin recompensa.
 
Por favor, que a nadie le pueda la pereza. Que nadie se autoexcluya de la gran ceremonia viva de la hermandad, cuando hecha cofradía, acompaña a Cristo por las calles, con un sencillo, profundo e inequívoco mensaje: “Él entregó su vida por mí, yo así lo creo, ¿y tú?”.
 
Provechosa estación de penitencia a todos.
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Autor: Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz
       

sábado, 15 de marzo de 2014

Vía Crucis en honor del Santísimo Cristo de la Clemencia

En la noche de hoy, sábado día 15 de marzo y segundo sábado de cuaresma, se realizará, Dios mediante, el piadoso Vía Crucis en honor del Santísimo Cristo de la Clemencia. El rezo comenzará  al término de la misa del quinto día del Quinario dedicado a nuestro titular. Podrán participar en el acto, portanto su cirio, aquellos hermanos, devotos y feligreses que lo deseen. Para darle mayor solemnidad al acto, y siguiendo la línea adpotada por nuestra hermandad, rogamos que acudan con traje y corbata oscura, los varones, y con traje oscuro las mujeres.
 
El itinerario del Vía Crucis será por las calles de la feligresía de la Parroquia de San Miguel, teniendo su su salida desde la Iglesia Hospital de San Jacinto (Los Dolores), sobre las 20:15 y realizando el siguiente recorrido: Plaza de Capuchinos, Bailío, Carbonell y Morand, Plaza del Cardenal Toledo, Obispo Fitero, Conde de Torres Cabrera, San Zoilo, San Miguel, Ramírez de Arellano, Osario, Burell y Plaza de Capuchinos.



jueves, 6 de marzo de 2014

Reparto de Túnicas y papeletas de sitio 2014

Estimados hermanos,
 
Os recordamos, ante la proximidad de las fechas, que el reparto de túnicas y papeletas de sitio para la Estación de Penitencia del presente año se ajustará al calendario que aparece más abajo.
 
Desde la Diputación de Estación de Penitencia rogamos que sean respetuosos con las fechas y horarios estipulados, con el fin de agilizar y facilitar el trabajo del reparto de túnicas a los hermanos que se encarguen de ello.
 
Agradeciendo de antemano vuestra atención y consideración, recibid un abrazo en Cristo y María Santísima.