martes, 25 de marzo de 2014

Limpieza de enseres para Semana Santa 2014

   
Queridos Hermanos:

    Metidos de lleno en tiempo de Cuaresma, la Diputación de Mayordomía vuelve a ponerse en contacto con todos vosotros, para pedir vuestra colaboración a todo aquel que pueda ayudar en las labores de limpieza de enseres de nuestra Hermandad. Es por esto, por el que os pongo en conocimiento, de que el próximo sábado día 29 de marzo a las 9:00 vamos a quedar en la hermandad para llevar a cabo dicha labor. Comenzaremos el día con una oración ante nuestros sagrados titulares y acto seguido empezaremos a planificar el trabajo entre las personas presentes.

     Toda ayuda es poca, estáis invitados: niños, jóvenes, padres, mayores... Desde aquí, solo me queda daros las gracias anticipadas por vuestra colaboración.

     Para cualquier información o duda, podéis contactar con Rafael Lozano o José Daniel González en el teléfono de la Hdad. o a través de la dirección de correo electrónico y de nuestras redes sociales oficiales.

    Recibid un fuerte abrazo en Cristo y María Santísima


Página de Facebook: Hermandad Los Dolores – Córdoba, España 
Twitter: @hdaddolorescord
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Teléfono: 957-473782

Significado de la estación de penitencia


Hay actos que realizamos en nuestra vida sin detenernos a pensar porqué los hacemos y cuál es la finalidad que pretendemos con ellos. La estación de penitencia es esencialmente un acto religioso en el que se da cita lo dicho.

Sabido es que las estaciones de penitencia de las hermandades y cofradías son manifestaciones populares de fe, con clarísimas connotaciones culturales y folclóricas y con manifiestas repercusiones económicas. Afirmar otra cosa sería faltar a la realidad de los hechos. Pero ello no debe significar que lo religioso quede relegado hasta tal punto que queden vacías de contenido religioso nuestras corporaciones.

 De ahí que, como principio, sea conveniente precisar algunos términos que en el lenguaje corriente y popular suelen emplearse normalmente como sinónimos: desfile procesional, procesión y estación de penitencia confluyen usualmente como vocablos idénticos cuando en puridad. tienen distinta significación. Así "desfile procesional" hace referencia a la formación o conjunto de nazarenos y penitentes que van a pasar por un punto determinado, al orden del cortejo, a su organización, que debe ser reglada y ordenada con arreglo a unos criterios y pautas necesarios. En cambio, la palabra "procesión" alude a la circunstancia de ir una persona detrás de otra formando filas o hileras, y es un término mucho más amplio de lo que se puede pensar, ya que hay procesiones religiosas muy relacionadas con la liturgia. Así algunas recuerdan acontecimientos salvíficos con clara referencia al mismo Cristo: como la conmemorativa de la Presencación del Señor, la del Domingo de Ramos, la de la Vigilia Pascual; otras, en cambio, son votivas, como la de la procesión del Corpus Christi (con el barroco se empezaron a utilizar este tipo de procesiones para honrar, v.gr., las reliquias de un santo o patrón); la de rogativas, o la que se celebra el 2 de noviembre, en conmemoración de los fieles difuntos en priocesión al cementerio; y hay incluso otras que son necesarias para el desenvolvimiento de acciones de la liturgia, como la procesión que se hace en las parroquias con el crisma y los santos óleos, o para la adoración de la Cruz el Viernes Santo, la procesión para llevar el Viático para los enfermos, la procesión de entrada del ministro y los celebrantes desde el fondo de la nave de la iglesia, la de la presentación de ofrendas, la misma fila de los fieles para recibir la comunión, o las que tienen lugar en ciertas celebraciones (en el Domingo de Ramos, para conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén; la de la Vigilia Pascual, la del Corpus...).

Pues bien, en sentido estricto es la procesión penitencial de una hermandad o cofradía la que debe convertirse en "estación de penitencia", cuya finalidad es dar testimonio público de la fe en Cristo Jesús.

"Estación" significa "parada", parada que se hace al llegar a la catedral y que antiguamente tenía lugar en otra iglesia, templo, basílica o santuario. Al respecto, conviene que recordemos que las "paradas" que se efectúan para meditar los distintos pasajes del santo vía crucis se llaman "estaciones". Por eso, "procesión" no es sinónimo ni es lo mismo que "estación de penitencia", porque en la procesión, por razones de orden lógico, se avanza a la vez que se camina. En defnitivia, la cofradía procesiona pero, sobre todo, debería hacer estación de penitencia al templo mayor de la ciudad.

Y es que la estación de penitencia nos evoca significados diversos que confluyen simbólicamente: somos parte del Pueblo de Dios y peregrinos que caminan hacia la Jerusalén Celestial, pues nuestra aspiración no son las cosas terrenas, sino que anhelamos la "ciudad futura" ya que, dijo el apóstol San Pablo, “somos ciudadanos del cielo” (Flp 3, 20) y tenemos aquí la ciudad permanente. A su vez, la estación de penitencia nos prepara igualmente para la Pascua de Resurrección en una peregrinación que, incluso antropológicamente hablando, implica un camino participativo, pues todos tendemos y buscamos lo mismo: gozar de la plenitud del amor eterno de Dios, nuestro Padre, orando juntos, haciendo penitencia unidos en una misma fe, cumpliendo así nuestra misión evangelizadora, catequética y de testimonio, en acto religioso público de fe esperanzada y esperanzadora.

Al mismo tiempo tiene una seria connotación, no solo de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sino también de conversión y reconciliación, de participación fraternal en los sagrados ritos. Por eso, vestirse de nazareno debería ser como "revestirse" del mismo Jesús de Nazaret; en cierto modo, es un recordatorio de nuestro bautismo. Y es que nuestra conducta no debe ser la de "salir de nazarenos", sino de volvernos a vestir, “revestirnos” espiritualmente" de tales, la de intentar imitar a Cristo, expiando penitencialmente nuestras faltas y debilidades para aspirar a ser verdaderos "cristos vivientes" por nuestra entrega y amor, por nuestra atención y ayuda a los hermanos, particularmente a los más desfavorecidos y necesitados.

Lo mismo que el Señor vino a este mundo para dar testimonio de la verdad, nosotros debemos proclamar también firmemente, sin miedo ni pudor, que, por encima de las apariencias, engaños y vanidades de este mundo, Cristo es la única Verdad, y que el mejor vínculo para hacerlo es la Virgen, Mediadora de todas las Gracias, que nos dijo: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5-6).

Y esa conversión interior de nuestro corazón que también significa la estación de penitencia, va acompañada de una catequesis plástica, expresiva del mensaje de salvación interpretado popularmente, pero de profunda raíz evangélica y evangelizadora. Esa conversión y confesión de fe debe ser para siempre, para toda nuestra vida, no circunscrita a las escasas horas que dura la estación de penitencia; y debe ser una conversión en la Palabra de Jesús, verdadera penitencia que complete los sufrimientos del Señor, no un sentimiento o una vivencia histórica que se repite cada año. Eso puede ser una buena tradición, pero a todas luces manifiestamente insuficiente si no va refrendada con nuestro proceder en el día a día de nuestras vidas, a pesar de las imcomprensiones y desengaños que podamos sufrir y que nos puedan herir, por muy dolorosos que puedan ser: es cumplir en nosotros lo que dijo San Pablo: “(...) Así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo,a favor de su cuerpo que es la Iglesia (Col 1, 24-25).

Todo ello cobra especial sentido, en nuestro caso, si hacemos estación de penitencia desde nuestro templo a la Santa Iglesia Catedral. La catedral es el templo más importante de la Diócesis, la madre de las madres de las iglesias que en ella existen, es el lugar neurálgico desde donde el obispo difunde la doctrina católica y sirve, como pastor, a la comunidad. Allí, desde la cátedra (de ahí el nombre de “catedral”), se impartía primitivamente las enseñanzas teológicas a los estudiantes que cursaban esta materia y a los seminaristas (me viene a la memoria el desconocimiento y la osadía de una carta al director publicada en un diario local, en la que su autor hablaba de la “soberbia” de nuestro anterior prelado por colocar la “cátedra” en el altar mayor). Incluso su gran tamaño sirve para albergar el mayor número posible de fieles, haciendo tránsito simbólico a la universalidad de la Iglesia, Madre y Maestra; y también a la unidad de los creyentes, con el obispo, protector de su grey, a la cabeza. Es, pues, signo del magisterio del obispo como pastor y maestro.

Por ello hacer estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral no es visitar una joya arquitectónica, contemplar una pieza de museo de valor extraordinario o algo de incuestionable valor artístico que debe ser admirado, o disfrutar simplemente de una anhelada visita turística. La Catedral simboliza esa Iglesia del Cielo, esa Jerusalén Celestial a la que el Pueblo de Dios se dirige en peregrinación. Allí en procesión, hacemos "parada" o "estación" ante el Santísimo, presente siempre en el Sagrario, para rendirle adoración, o nos detenemos, por estar reservado el Señor según los días de la Semana Santa, para adorar la Santa Cruz.

Esa es nuestra meta comunitaria como tal hermandad y cofradía: gozar del amor de Dios eternamente en el cielo, buscar refugio y cobijo en el Señor. Ese es nuestro destino y fin. Lo demás, nuestro andar y procesionar por la vida, es sencillamente algo pasajero y efímero, como lo son nuestros pasos; pero son precisamente los pasos bien andados, los dados desde el amor y desde una fe sincera y firme, a pesar sde nuestras debilidades y faltas, los que nos ayudan a avanzar providencialmente hacia la meta: Cristo, con la ayuda e intercesión de María en comunión y reconciliación con nuestros hermanos, expiando sincera y amorosamente nuestras faltas y debilidades bajo el cayado protector, ejemplar de nuestro obispo, en recto, justo y fiel caminar hacia la tierra promisoria del cielo. Así nos convertimos en imagen de Cristo, Luz del mundo y de la misma Iglesia (luz reflejada en los cirios que portan los nazarenos), salvados todos por la sangre derramada de Cristo y llamados a la gloria por su resurrección. Él  es a quien verdaderamente debemos seguir, pues como él mismo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6).

Y de esta conducta no deben estar exentos los costaleros, quienes son –deben ser-  unos penitentes más (como igualmente tienen que serlo los nazarenos), no debiendo olvidar aquellos que la verdadera "chicotá" es avanzar siempre en el seguimiento de Cristo y de la Virgen. Llevar bien los pasos puede ayudarnos a a acercarnos a Dios y a su Bendita Madre, pero lo que verdaderamente agrada a Cristo es que sigamos su ejemplo, sirviéndonos María como ayuda inestimable. A la Virgen le puede alegrar que la “mezamos” amorosamente, pero lo que en verdad le entusiasmaría y llenaría su corazón traspasado es que sus hijos, a los que quiere con locura de Madre Tierna y Buena, tengan como modelo a Jesús.

Hagamos, pues, de la Santa Iglesia Catedral algo nuestro, si somos católicos cofrades, como un verdadero punto de referencia de nuestras procesiones de Semana Santa convirtiéndolas en auténticas estaciones de penitencia; hagamos de la Catedral lo que verdaderamente es: un templo universal que nos une a los católicos de toda la Diócesis en la fe en Cristo Jesús. De esa manera, con respeto pero con contundencia, evitaremos y desterraremos equivocadas o torticeras opiniones por parte de quienes, partiendo de presupuestos erróneos, desorientados o parciales, esgrimen argumentos aparentemente jurídicos que subrepticiamente encubren pretensiones de otro tipo, y que lo que hacen es sembrar la confusión  en un claro desafío a lo que debe ser el rigor histórico-jurídico, y la búsqueda de la verdad. Opinar es gratuito, tener criterio requiere informarse y documentarse debidamente. ¡Son tantos y tantos los que opinan! Pero, ¿todos tienen criterio? Por eso no nos podemos arrastrar las hermandades por un cómodo crepúsculo de respeto ante todo y por una colectiva y alarmante relativización e indiferencia. Aunque haya gente que opina infundada o equivocadamente lo contrario, hay que reconocer que, a pesar de sus defectos e imperfecciones, gracias a la Iglesia gozamos de la libertad de la que otros países no católicos carecen. Y gracias a Ella, la crisis se está haciendo más llevadera. La Catedral está en buenas manos y así debe seguir, por el bien de Córdoba, por el bien de nuestras cofradías, por la misma conservación del templo mayor de la Ciudad, por el patrimonio histórico...Está por ver –lo he visto y vivido- que otras religiones permitan el culto compartido en sus templos (“a buen entendedor, pocas palabras bastan”).

 No privemos, pues, de sentido a algo que lo tiene para los católicos (se supone que las hermandades y cofradías pertenecen a la Iglesia -¿o no?-), a pesar de que no nos hallamos detenido a pensar sobre ello. ¿Acaso somos una peña o una ONG? Hagamos una reflexión seria, profunda y sincera del significado que tiene hacer estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, avalada por el peso de la propia historia de no pocas nuestras cofradías (lo que merecería un estudio aparte), y que tengamos siempre presente que las hermandades nacieron por la fe, deben vivir de la esperanza, y nutrirse diariamente en el ejercicio de la caridad.

 

In Domina Nostra.

 

Juan José Jurado Jurado

hermano mayor de la Hermandad

de Nuestra Señora de los Dolores y del Santísimo Cristo de la Clemencia.


lunes, 24 de marzo de 2014

D.E.P. Don Adolfo Suárez

La Real Venerable e Ilustre Hermandad Servita de Nuestra Señora de los Dolores y el Santísimo Cristo de la Clemencia quiere manifestar su pesar por el fallecimiento en el día de ayer de D. Adolfo Suárez, y hace extensible sus condolencias, en nombre de todos los hermanos de esta corporación y en el de su junta de gobierno, a sus familiares y amigos.

D. Adolfo Suárez , primer presidente de la Democracia de este país y uno de los padres de la actual Constitución, visitó nuestra casa en el año 1979,  donde rezó y se encomendó a Nuestra Señora de los Dolores y al Santísimo Cristo de la Clemencia.

Elevamos oraciones ante nuestros Sagrados Titulares por el alma del fallecido, en la seguridad de que pronto gozará del reino celestial, colmando a la familia del consuelo necesario ante tan irreparable pérdida.

Imagen del archivo de la hermandad: Adolfo Suárez firmando en el libro de oro de la hermandad en el año 1979
 
 

domingo, 23 de marzo de 2014

Cartel Viernes de Dolores 2014

Estimados Hermanos.

Durante el concierto que hoy ha ofrecido la Banda de Música Ntra. Sra. de la Estrella en honor de Ntra. Sra. de los Dolores, ha tenido lugar la presentación del cartel viernes de dolores 2014.

Os mandamos el cartel, que puede recogerse en nuestra hermandad con un donativo de 1,50 €.

Sin más, un saludo

Pergrinos de ti, María

Organizado por la vocalía de Juventud, la hermandad de los Dolores viajó en el día de ayer a Sevilla  para participar en los actos del ‘Año Jubilar’ que celebra la hermandad de ‘La Macarena’ con motivo del cincuenta aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen de la Esperanza.
 
Más de 50 personas integradas por miembros de la Junta de Gobierno de la cofradía y un nutrido número de hermanos se trasladaron en un autobús y vehículos particulares hasta la ciudad hispalense el pasado 22 de marzo con el fin de obtener la Indulgencia Plenaria.
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Tras la llegada, fueron recibidos en el centro de recepción de peregrinos, alrededor de las 11:30, desde el cual comenzó la visita guiada por el museo de la hermandad macarena. Acto seguido, a las 13:15, la cofradía participó corporativamente en el jubileo con la celebración y participación en la ‘Misa de Peregrinos’ en la Basílica de la Macarena.
 
La cofradía fue recibida en el atrio de la basílica, por una representación de la hermandad de la Esperanza tras lo cual tuvo lugar la Eucaristía. El guión corporativo estuvo situado en el altar, al igual que la ofrenda floral de la cofradía a la Virgen Macarena. Tras la celebración y la entrega de obsequios por ambas corporaciones se visitó el camarín de la Esperanza.
 
 
 
 
 
 
Los asistentes de manera voluntaria, podían solicitar un certificado,  personalizado con su nombre y apellidos, por el precio de 2 €, y cuya recaudación está destinada a la obra social de la hermandad de la Esperanza. Dicho certificado, es emitido por la hermandad de la Esperanza Macarena, en nombre de la Penitenciaría Apostólica, la cual, por mandato del Sumo Pontífice, concede la Indulgencia Plenaria durante el Año Jubilar Macareno a los fieles cristianos que, estando en las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por la intención del Santo Padre), visiten en peregrinación la Imagen de María Santísima de la Esperanza Macarena y participen devotamente en las funciones sagradas o en los ejercicios de piedad, o al menos durante un tiempo adecuado meditaran piadosas consideraciones, concluyendo con la Oración del Señor, el Símbolo de la Fe e invocaciones a la Bienaventurada Virgen María.
 
 

viernes, 21 de marzo de 2014

La Puerta de la Virgen

Queridos hermanos,

os dejamos un artículo publicado hoy por en el blog de ABC "La Capilla de San Álvaro" y cuyo autor es Luis Miranda.

POR Luis Miranda / Blog La Capilla de San Álvaro





Hoy hace seis años todo se escapaba de entre las manos, pero a la vez algo más fuerte y duradero empezaba. Por los caprichos de la luna era Viernes Santo, y ya quisieran los cofrades, todos, un tiempo tan dulce y tranquilo como el de estos días de espera y cultos, de túnicas que salen de la funda y de papeletas de sitio.
 
Se terminaba la Semana Santa de 2008, con la única falta del Miércoles Santo y un chaparrón inoportuno que obligó a volverse a la hermandad de la Sagrada Cena. El 21 de marzo era también viernes, aunque Santo, uno de los más decisivos que se recuerdan, aquel en el que la hermandad de los Dolores desafió a sus números históricos y acudió a la Catedral.
 
Fue mucho más que un día con cinco hermandades en las naves del grandioso templo, más que el día en que la Estrella enseñó a todo el mundo que una marcha fúnebre podía ser sobrecogedora y profunda en sus trombones y en la inspiración de sus autores de cabecera. Fue el día en que se empezó a pensar que era posible que todas las cofradías fuesen a la Catedral, y eso no lo podía hacer más que la Virgen de los Dolores, con toda la majestad de los siglos que han escuchado todas las súplicas posibles. El ejemplo, el faro, la guía que nunca señalará a un lugar equivocado.
 
La duda es humana y no todo el mundo tenía claro que la cofradía de los Dolores llegase a la Catedral la primera y no dejase retraso a las demás. Pidió la hermandad un voto de confianza y cumplió con creces, y regaló la estampa de su palidez eterna en las primeras horas de la tarde. Se acabaron los años de lentitud.

 Se pensaba que el día iba a caminar en el alambre de unos minutos, los que no había que perder para que todas las que tenían que venir detrás (Sepulcro, Soledad, Expiración y Descendimiento) se entorpeciesen y no pudiesen entrar en la Catedral porque las anteriores todavía no hubieran salido. Pero el alambre era una avenida tranquila, un camino sin peligro, y se vio desde las primeras horas de la tarde que para mí siempre sonará a «Desconsuelo» y al estreno en la calle de «Los Dolores» de José de la Vega.
 
Los minutos seguían diciendo lo de siempre, pero cuando la Virgen de los Dolores salió por la puerta de Santa Catalina, dulce y maternal como nunca ha dejado de ser, la cruz de manguilla del Sepulcro, brillo de espejos entre los capirotes de ruán, se acercaba a la Puerta del Perdón por la calle Judería. Hubo sonrisas de alivio, pero lo que entonces pasó fue algo más que un día ajustado de horarios. Aquel día empezó a caer la celosía, y los que rezan a la Virgen saben que Ella terminará por pasar debajo de una puerta que se debería llamar como Ella.
 
 
Fuente: Blog "La Capilla de San Álvaro" - Diario ABC - Edición Córdoba - 21/03/2014

http://abcblogs.abc.es/la-capilla-de-san-alvaro/public/post/la-puerta-de-la-virgen-15748.asp/

jueves, 20 de marzo de 2014

Vivencia de un hermano nazareno

    Este documento indica una caracterización acerca del modelo de vida que debe identificaral hermano Nazareno en todo momento, lugar y tiempo.
 
    Conforme a que el hermano nazareno es una persona bautizada por la iglesia católica, entonces debe asumir inicialmente y siempre el comportamiento y obligación de un cristiano católico, este comportamiento esta basado en ser fiel a las doctrinas y enseñanzas de nuestra iglesia, enseñanzas que nos han dado a conocer por medio de las catequesis, por los sacerdotes y religiosos en sus predicaciones, también el nazareno es una persona que acepta y cumple la voluntad de Dios en la vida, al igual que los mandamientos de la ley de Dios y los mandamientos de la iglesia católica, asistir a la misa dominical, participar de las actividades de la parroquia, entre otras características de cualquier hermano de la iglesia católica.
    La vivencia del nazareno se caracteriza por que es un hombre o mujer de Dios, es un fiel seguidor de Jesucristo, sus pensamientos, palabras, gestos y obras son claras evidencias que en su corazón habita el señor Jesús, es una persona ante todo humilde y sencilla, en su corazón no hay cabida para el orgullo, egoísmo ni odio, pero si hay cabida para el servicio desinteresado, la entrega por las obras de Dios, de la comunidad y las de su hermandad. Es una persona agradable, simpática en su forma de ser y actuar, una mujer u hombre que sobresale por su honestidad, mansedumbre, cordialidad y agilidad al llamado de las acciones que conllevan a servir a Dios, su hermandad y a su prójimo.
    Es una persona espiritual, pacifica, que valora su vida y la de los demás, su espiritualidad debe ser un arma muy fuerte para sobre llevar las diferentes situaciones de la vida y así ser ejemplo ante los demás seres humanos. El hermano nazareno es una persona entregada a la oración, a la permanente comunicación con Dios, asiste y recibe los sacramentos de la Iglesia Católica, es piadoso(a) a la virgen María y a la Santísima Trinidad.
    Los jóvenes nazarenos se deben caracterizar por ser obedientes a sus padres y personas mayores, por ser personitas ejemplares, de buenas ideas, buenos hijos en todo sentido, respetan a sus mayores y son educados con toda persona de cualquier lugar, también el joven nazareno es una persona que respeta y valora su cuerpo y dignidad humana, no se deje llevar por los vicios ni cosas mundanas que ofrece este mundo, es buen estudiante o trabajador por que aprecia su esfuerzo y el de sus padres de familia.
    Mientras que el nazareno adulto es una persona entregada a su familia, padres, esposa(o), novia(o), a los hijos, también a sus compromisos personales y/o matrimoniales y católicos, es una persona integral, madura en la fe y en la perseverancia para la marcha hacia el reino de Dios. Se debe caracterizar por ser responsable, sereno(a), prevenido, piadoso, y ante todo el cualquier hermano nazareno demuestra que ama a Jesucristo, a Dios y a la santísima Virgen María, y lo demuestra con su testimonio de vida que deja y ofrece a sus familiares, conocidos, amigos y demás seres vivientes.
 
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