viernes, 10 de enero de 2014

Corona de fe incontable

POR L. M. / Córdoba

La coronación canónica de la Virgen de los Dolores en 1965 marcó un hito que en 2015 volverá a vivirse

Corona de fe incontable
Fotografía: Archivo hermandad. La Virgen de los Dolores sale de la Catedral el día de su coronación canónica.
Las coronaciones canónicas son jornadas grandiosas para las devociones que reciben la distinción, días en que parece que el nombre de la Madre es el de la Virgen que ciñe sus sienes con la nueva presea. Son días escritos con letras de oro en la historia de las devociones y de las hermandades, días históricos. En Córdoba hay ya varios, pero hubo uno que debería estar en rojo en el calendario de la religiosidad popular de la ciudad. Es el 9 de mayo de 1965, el día en que se coronó canónicamente a Nuestra Señora de los Dolores.
 
En aquella radiante jornada se hizo presente el símbolo con el que Córdoba distinguió a su imagen predilecta, como si en la plata de la corona estuviera engarzado todo el amor de sus muchos devotos. Eran los años en que sólo los Papas podían otorgar esta distinción, y la lista de las imágenes que lo tenían era de devociones universales, extendidas por toda España y fuera de ella: Araceli, Rocío y, un año antes, la Esperanza Macarena, como ejemplos más paradigmáticos.
 
La hermandad trabajaba desde hacía años para que también la Señora de Córdoba estuviera coronada, y el trabajo dio sus frutos, también con el empeño del entonces obispo, Manuel Fernández-Conde. En la casa de hermandad, no muy lejos del camarín en que se rinde culto a la majestuosa imagen, está enmarcado el breve pontificio firmado por el cardenal Gaetano Cicongani, titulado «Impense Collitur», en que se decreta la coronación canónica de la Virgen.

El manto de las palomas

La hermandad quiso implicar a las más altas instituciones públicas. Los Príncipes, Don Juan Carlos y Doña Sofía, visitaron la iglesia durante los preparativos de la jornada y el ministro secretario general del Movimiento, el egabrense José Solís, representó al Jefe del Estado en la jornada, que fue sobre todo del pueblo. Amaneció la Virgen de los Dolores en la Catedral, donde había presidido cultos extraordinarios por el gran día, y de allí salió aquella mañana, sobre su paso, el mismo que hoy, pero con una estampa novedosa.
 
Para empezar, la diadema, en lugar de la corona que ya entonces llevaba, y que también había lucido el Viernes Santo de aquel año. Sobre sus hombros estaba el mítico manto de las Palomas, que diseñó Enrique Redel a finales del siglo XIX y que sólo lucía, y luce, en procesiones gozosas y extraordinarias, y nunca en Viernes Santo. La saya de aquel histórica día no fue la roja, compañera del manto azul, sino la blanca del Espíritu Santo. Los faldones, como el manto, tan azules, completaban el aspecto radiante del conjunto, alegre de flores blancas.
 
Cualquier lugar se iba a quedar pequeño para verlo, así que se escogió el aire libre, la explanada ante el hotel Córdoba Palace, una gran zona abierta ya totalmente atestada cuando la Virgen de los Dolores llegó para presidir el altar. El cardenal José María Bueno Monreal, arzobispo metropolitano de Sevilla, tuvo el honor de poner sobre las sienes de la imagen la corona de plata dorada, oro, esmalte y piedras preciosas que había labrado Rafael Peidró. Concelebraron varios obispos, entre ellos el de Córdoba, Manuel Fernández-Conde, y el auxiliar de Sevilla que después vendría a la silla de Osio, José María Cirarda.
 
En la celebración se leyó una carta del Papa Pablo VI con motivo de la coronación, a la que siguió el vuelo de palomas en señal festiva. La Virgen de los Dolores volvió luego a su templo entre el fervor del pueblo, que nunca olvidaría la fecha del 9 de mayo. Un breve documental en internet muestra bellas imágenes, pertenecientes a la Filmoteca Española. La hermandad prepara los actos que en 2015 celebrarán el cincuenta aniversario de la coronación canónica, y que permitirán revivir aquel histórico día.
 
Fuente: Diario ABC - Edición Córdoba - día 10/01/2014

jueves, 9 de enero de 2014

Un paso inconfundible en las calles de Córdoba

POR R. C. M. / Córdoba
 

La forma ochavada, la ausencia de palio y la valiosa peana convierten este conjunto en uno de los más singulares y valiosos de la ciudad


Un paso inconfundible en las calles de Córdoba
Sobre estas líneas, la Virgen en los años 50.
 
La silueta de la Virgen de los Dolores, y el conjunto artístico sobre el que se asienta en cada procesión del Viernes Santo, componen una estampa inconfundible y muy singular. Pese a su sobresaliente valor artístico, su paso procesional apenas si se deja ver a media distancia, lo que permite que la vista se dirija siempre a la titular, sin duda alguna una de las mayores devociones de la capital cordobesa. Son sólo unas pinceladas y detalles que engrandecen a esta imagen cuando se presenta ante el pueblo de Córdoba.  
 
El paso actual es muy posterior a la imagen, de Juan Prieto en 1719. Concretamente, de 1937, el año en el que se estrenaron sus respiraderos (en plata) y, valga la coincidente anécdota, también el año en el que se estrenó el paso de palio de la Virgen de las Angustias, dos grandes novedades históricas de la Semana Santa. En una descripción de los detalles del paso procesional son reseñables las eclécticas influencias que se tomaron entonces para concebirlo. Su forma ochavada denota un claro influjo de la corriente malagueña, lo que hace que se aleje de la mayor parte de los pasos de las Vírgenes cordobesas.
 
Los respiraderos estrenados en 1937 son los primeros completos y en plata que hay en la ciudad. Su autor fue el cordobés Emilio García Armenta, un orfebre que después se marchó a Sevilla donde hizo grandes trabajos para las cofradías de la ciudad, como la peana de María Santísima de la Esperanza Macarena.

Trasera terminada

El hecho de que los respiraderos estén trabajados al completo, incluida la trasera (algo poco usual), es algo que no pasó por alto el Cabildo de la Catedral para pedir el trono en ocasiones muy especiales. Así, por ejemplo, entre las décadas de los años 40, 50 y 60, sobre el paso de la Virgen de los Dolores iba la Custodia del Corpus Christi en la procesión celebrada con motivo de la festividad cada año.
Otra de las peculiaridades de esta valiosa pieza es precisamente la ausencia de palio. ¿Cuál es el motivo que lleva a la hermandad a tomar esta decisión? En primer lugar, la ausencia de este elemento sirve para que la titular sea más visible y, por ende, tome un mayor protagonismo.
 
Sin embargo, la Virgen de los Dolores ha ido bajo palio en épocas pasadas. La imagen contó con un paso de estas características, realizado por el mismo autor de la talla (Juan Prieto), hasta 1795. Esta pieza pasó a formar parte del patrimonio artístico de la hermandad de Jesús Caído, a la que se lo vendió la cofradía servita a finales del siglo XVIII. En 1874 la hermandad estrenó un paso de palio, que se utilizó en la procesión de ese año. No hay una causa clara para que dejara de usarse, pero las puertas de San Jacinto no permitían que pasara un palio. En la mente de todos están los años, hasta 2002, en que el paso se montaba fuera, y añadirle el palio parecía una empresa muy dificultosa.
 
De esta época la hermandad conserva la peana de plata, no muy diferente a las que usan en los pasos de palio actuales, y que se ha usado en besamanos. Pero, al margen de la singularidad de sus respiraderos y la ausencia del palio, hay otros elementos que forman parte del paso de los Dolores. La peana (1779) es una obra de Francisco Enríquez, los ángeles de Francisco Arellano y medallones del hermano servita Agustín. También fue García Armenta el autor de los candelabros de cola, realizados en plata.
 
También son muy característicos los faldones, que se realizaron en el siglo XIX, y que por lo tanto son anteriores a los valiosos respiraderos de García Armenta. Los que lleva el Viernes Santo son de terciopelo negro, pero tiene otros, de diseño parecido, sobre color azul, compañeros del manto de las palomas, que la Virgen lleva en ocasiones festivas, como fue el día de su coronación canónica. La candelería y el San Rafael del frontal, obras recientes, completan un paso de silueta inmutable para la Señora de Córdoba.
 
Fuente: Diario ABC - Edición Córdoba - 09/01/2014

miércoles, 8 de enero de 2014

El eterno amor de Córdoba

POR R. C. M. / córdoba
El eterno amor de Córdoba
La devoción a la «Señora de Córdoba» abarca todos los estratos de la sociedad, supera las fronteras locales y se palpa por doquier: desde el nombre de miles de mujeres en la capital hasta el capote del diestro José Luis Moreno.
 
Que el nombre de Dolores (o María Dolores o el más familiar y popular Lola) sea el segundo más repetido entre las mujeres cordobesas —el primero es Carmen y María del Carmen— o que la fiesta de regla que se celebra en su honor cada Viernes de Dolores sea la única que oficia el obispo de Córdoba desde el siglo XIX, son razones que llevan a pensar que la Virgen de los Dolores es la que despierta una mayor devoción en la capital cordobesa. Aunque la aclamación popular como Señora de Córdoba es muy reciente, ese sentimiento tiene siglos de antigüedad. La devoción traspasa además las «fronteras» de Córdoba, tanto de la capital como de la provincia. Así, centenares de personas foráneas se desplazan a la sede canónica de la hermandad servita cada Viernes de Dolores. Con nombre propio, la Familia Real Española guarda una relación especial con la Virgen de los Dolores, que arranca en tiempos de Isabel II.
 
Valga la anécdota de que una niña llamada Lola fuera el primer bebé de 2014 en la capital cordobesa para arrancar este análisis sobre la devoción de los Dolores. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) arrojan que, entre Dolores, María Dolores, Lolas y sus nombres compuestos, hay 17.862 cordobesas. Esta cifra sólo la superan los nombres de Carmen y María del Carmen, con 31.645.
 
Pero, ¿cuándo nace realmente en Córdoba este sentimiento tan profundo a la Virgen de los Dolores? Hay que dejar claro que arranca en el siglo XVII, por lo que es anterior tanto a la fundación de la hermandad como a la talla de la imagen (1719), si bien es cierto que la cofradía que le rinde culto representa un antes y un después en esta relación. Existía, por ejemplo, una iglesia de los Dolores en el actual Oratorio de San Felipe Neri.
 
Desde el nacimiento de la corporación servita, el incremento de la devoción es extraordinario y abarca a todas las capas sociales. Así, entre los primeros hermanos figuran familias como los Fernández de Córdova, el Conde de Torres Cabrera y hasta el propio deán de la Catedral. Pero también hay innumerables devotos que proceden del extrarradio y el resto de la provincia en los primeros censos de hermanos.
 
La ciudad se volcó desde el primer momento con la Virgen de los Dolores, pese a que ya se rendía culto a Vírgenes como la Soledad de la iglesia de Merced, las Angustias o la Soledad de San Cayetano. A favor de este fervor religioso, la ubicación de su iglesia, entonces en el extrarradio de Córdoba, no ayudaba a este crecimiento devocional.
 
Tal fue la magnitud que alcanzó este sentimiento hacia la Dolorosa que el Obispado la ha tenido entre sus preferencias desde entonces. Así, al hecho de que sea la única fiesta de regla que han oficiado todos los prelados desde el siglo XIX hay que unirle que el obispo Trevilla, quien redujo las procesiones de la Semana Santa de Córdoba a una sola, decidió que la Virgen de los Dolores fuera la imagen que cerrara ese único cortejo oficial.
 
Esa devoción tan profunda hacia la imagen de Juan Prieto fue también la responsable de que fuera la primera Virgen de la capital coronada canónicamente en mayo de 1965. La cofradía, en agradecimiento al pueblo de Córdoba, decidió su nombramiento como hermano mayor honorario. Este gesto, en forma de cuadro, permanece en el despacho de Alcaldía.
 
Una buena forma de culminar las trascendencia y el impacto de la Virgen de los Dolores es el estrecho vínculo que guarda con la familia Borbón. La primera visita a la iglesia de San Jacinto corrió a cargo de la Reina Isabel II y su hija, la Infanta Isabel, pidió hacerse hermana. En 1910, el Rey Alfonso XIII concedió el título de Real a la Hermandad de los Dolores y, poco después (década de los 20), la cofradía recibió la autorización de la Casa Real para poder utilizar corona y armas reales.
Más recientemente, los Reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía (entonces Príncipes), visitaron en 1964 y 1969 la iglesia de los Dolores. La última en cumplimentar a la Virgen ha sido la Infanta Elena. A todo ello hay que sumarle las visitas de jefes de Estado, presidentes del Gobierno, como Adolfo Suárez, ministros, cardenales, nuncios y arzobispos.
 
Fuente: Diario ABC - Edición Córdoba - 08/01/2014

martes, 7 de enero de 2014

Historia de eternidades

Historia de eternidades

POR L. M. / Córdoba
Temas relacionadosLa devoción a la Virgen de los Dolores tiene su origen en el siglo XVII, hasta que en 1719 se bendice la incomparable imagen de Juan Prieto venerada por múltiples generaciones



Foto: Archivo

La Virgen de los Dolores, la Señora de Córdoba o, simplemente, la Virgen, porque en la Córdoba del siglo XIX, XX y XXI, si no se añaden advocaciones, el pensamiento se va a la que Mario López llamó «Dolorosa del pálido quebranto». Es Nuestra Señora de los Dolores, una imagen con una honda devoción que a los muchos que se postran a sus plantas les parece eterna, pero que, como siempre, tiene un origen muy concreto en el tiempo. Su historia es larga y cuesta resumirla. Todo lo que sucede cristaliza en la imagen y en el paso que los lectores de ABC Córdoba podrán tener, gracias al patrocinio del Cabildo de la Catedral, reproducido en casa desde el próximo domingo, 12 de enero, pieza a pieza a medida que se acerque la Semana Santa, y con ella la presencia de la imagen en las calles.
Irradiación devota
En las últimas décadas del siglo XVII se difunde la advocación de los Siete Dolores de la Virgen, que llega a Córdoba hacia 1672 y que comienza a irradiar desde el Oratorio de San Felipe Neri por aquellos mismos años, en torno a una imagen que podría ser la actual Dolorosa del Señor de la Caridad, según los investigadores. Poco después está el punto original de la actual cofradía, cuando el sacerdote lucentino Juan Salvador Amo Romero solicita permiso para erigir una congregación de la Venerable Orden Tercera Servita en el hospital de pobres incurables de San Jacinto. El general de los servitas da permiso el 15 de abril de 1699 pero el promotor se traslada de Córdoba y tiene que esperar hasta su regreso en 1707. El beato Francisco de Posadas le encarga ser capellán y director del hospital y allí nace la Congregación de Nuestra Señora de los Dolores en 1708.
Las fechas históricas se van sucediendo una detrás de otra, trascendentales para la religiosidad popular de la ciudad. Como se sabe que Dios escribe derecho con renglones torcidos, nada tiene una línea recta. En 1717 llega a San Jacinto una hermandad que quiere propagar el rosario con la Virgen de los Dolores. Es una hermandad pujante y viva, y se marchará en 1728 al cercano hospital de los Desamparados, luego de los Dolores Chicos.
Antes, sin embargo, habrá aportado algo trascendental, tan importante como que sin que ello sucediese todo habría sido distinto. Es la Virgen, encargada al escultor Juan Prieto y bendecida en el año 1719. La belleza de la imagen, entroncada en la finura de la estética del siglo XVIII, sería fundamental para ganarse la devoción del pueblo de Córdoba. No fue Juan Prieto un escultor que pasase a las primeras líneas de los manuales de historia del arte, pero sí supo labrar una imagen de incuestionable belleza, con todas las señas de identidad de su tiempo y una policromía tan hermosa como inseparable de la forma de ser de la Virgen de los Dolores. Las restauraciones no han alterado en absoluto su imagen originaria.
El obispo Siuri construye poco después la iglesia y lo que viene más tarde es parte de la historia inmutable, de las cosas que no cambian cuando se habla de la Virgen de los Dolores.
Desde 1731 hasta ahora pocas cosas se han alterado en la plaza de Capuchinos, allí donde fue creciendo la devoción más honda de la ciudad. El crecimiento del amor a la Virgen de los Dolores empezó entonces, cuando todas las familias de nobleza titulada se vincularon a la corporación.
Ellos se encargaron de difundirla, pero no habría sido posible sin que el pueblo, todas las clases sociales, la tomaran como propia y acudieran también a rezarle, invitados por la insistencia con que su nombre circuló por Córdoba. Del nombre y de la estampa, difundida primero en grabados y más tarde en fotografías.
Como hoy
En el siglo XVIII y después, en el XIX, se consolida la devoción, y el lector encontrará que no hay demasiadas diferencias con lo que sucede hoy, porque ya entonces se celebraba el septenario, con una función por cada uno de los dolores, y sobre todo la celebración del último viernes de Cuaresma, el que en Córdoba se sigue conociendo como Viernes de Dolores. En ese día, que no es ni besamanos ni se baja la Virgen del camarín en que está casi todo el año, se empezó a visitarla y a venerarla con más intensidad.
La Virgen salía entonces el Domingo de Ramos, pero uniría su estampa al Viernes Santo en la segunda mitad del siglo XIX. Para entonces se organizaba la procesión oficial del Santo Entierro, vigente hasta bien entrado el siglo XX, y la Señora de Córdoba iba tras el paso del Sepulcro, a modo de Soledad, con su estampa de eterna enlutada y ya como una devoción grande de Córdoba. Lo que sigue es historia. La advocación creció y la Virgen de los Dolores llegó a ser la imagen más querida de la Semana Santa y uno de los pilares fundamentales del cristianismo en Córdoba.
Para el recuerdo quedó la coronación canónica el 9 de mayo de 1965. Era de la época en la que estos actos tenían un carácter verdaderamente excepcional, y tenían que tener la aprobación de un Papa. Fue Pablo VI quien firmó el decreto de aquella histórica jornada, en la explanada de lo que después sería el hotel Meliá, la confirmación de lo que el pueblo ya tenía como suyo desde hacía mucho tiempo antes. Y entre grandes fechas, las de siempre: de Viernes Santo por las calles a Viernes de Dolores en su templo, sin faltar nunca el pueblo a los pies de la Señora de Córdoba.
A cuentagotas llegaron las innovaciones: el besamanos de cada cinco años y ocasiones extraordinarias una de ellas, porque la Virgen de los Dolores es tan del pueblo sencillo de Córdoba que de vez en cuando tiene que bajar para estar con los más suyos y escuchar aún más de cerca.
  
Fuente: Diario ABC - Edición Córdoba -  Fecha 07/01/2014)