miércoles, 2 de abril de 2014

Septenario en honor a Nuestra Señora de los Dolores

Estimado Hermano.
Te adjuntamos cartel del Septenario que en honor de Ntra. Sra. de los Dolores tendrá lugar del viernes 4 al 10 de abril del presente año.
 
Asimismo en el cartel figuran otros actos de interés.
 
Sin más, un saludo.

La Virgen de los Dolores, preparada para su septenario

Es la primera imagen del día de hoy. Asi vestida ha amanecido Nuestra Señora de los Dolores en su camarín. Ya está preparada para recibir a sus devotos en el septenario que comienza el próximo viernes día 4 de abril.
 
Que Dios Nuestro Señor y su Bendita Madre os acompañen en el día de hoy.
 
 

martes, 25 de marzo de 2014

Limpieza de enseres para Semana Santa 2014

   
Queridos Hermanos:

    Metidos de lleno en tiempo de Cuaresma, la Diputación de Mayordomía vuelve a ponerse en contacto con todos vosotros, para pedir vuestra colaboración a todo aquel que pueda ayudar en las labores de limpieza de enseres de nuestra Hermandad. Es por esto, por el que os pongo en conocimiento, de que el próximo sábado día 29 de marzo a las 9:00 vamos a quedar en la hermandad para llevar a cabo dicha labor. Comenzaremos el día con una oración ante nuestros sagrados titulares y acto seguido empezaremos a planificar el trabajo entre las personas presentes.

     Toda ayuda es poca, estáis invitados: niños, jóvenes, padres, mayores... Desde aquí, solo me queda daros las gracias anticipadas por vuestra colaboración.

     Para cualquier información o duda, podéis contactar con Rafael Lozano o José Daniel González en el teléfono de la Hdad. o a través de la dirección de correo electrónico y de nuestras redes sociales oficiales.

    Recibid un fuerte abrazo en Cristo y María Santísima


Página de Facebook: Hermandad Los Dolores – Córdoba, España 
Twitter: @hdaddolorescord
Mail: secretaria@hermandadlosdolores.es
Teléfono: 957-473782

Significado de la estación de penitencia


Hay actos que realizamos en nuestra vida sin detenernos a pensar porqué los hacemos y cuál es la finalidad que pretendemos con ellos. La estación de penitencia es esencialmente un acto religioso en el que se da cita lo dicho.

Sabido es que las estaciones de penitencia de las hermandades y cofradías son manifestaciones populares de fe, con clarísimas connotaciones culturales y folclóricas y con manifiestas repercusiones económicas. Afirmar otra cosa sería faltar a la realidad de los hechos. Pero ello no debe significar que lo religioso quede relegado hasta tal punto que queden vacías de contenido religioso nuestras corporaciones.

 De ahí que, como principio, sea conveniente precisar algunos términos que en el lenguaje corriente y popular suelen emplearse normalmente como sinónimos: desfile procesional, procesión y estación de penitencia confluyen usualmente como vocablos idénticos cuando en puridad. tienen distinta significación. Así "desfile procesional" hace referencia a la formación o conjunto de nazarenos y penitentes que van a pasar por un punto determinado, al orden del cortejo, a su organización, que debe ser reglada y ordenada con arreglo a unos criterios y pautas necesarios. En cambio, la palabra "procesión" alude a la circunstancia de ir una persona detrás de otra formando filas o hileras, y es un término mucho más amplio de lo que se puede pensar, ya que hay procesiones religiosas muy relacionadas con la liturgia. Así algunas recuerdan acontecimientos salvíficos con clara referencia al mismo Cristo: como la conmemorativa de la Presencación del Señor, la del Domingo de Ramos, la de la Vigilia Pascual; otras, en cambio, son votivas, como la de la procesión del Corpus Christi (con el barroco se empezaron a utilizar este tipo de procesiones para honrar, v.gr., las reliquias de un santo o patrón); la de rogativas, o la que se celebra el 2 de noviembre, en conmemoración de los fieles difuntos en priocesión al cementerio; y hay incluso otras que son necesarias para el desenvolvimiento de acciones de la liturgia, como la procesión que se hace en las parroquias con el crisma y los santos óleos, o para la adoración de la Cruz el Viernes Santo, la procesión para llevar el Viático para los enfermos, la procesión de entrada del ministro y los celebrantes desde el fondo de la nave de la iglesia, la de la presentación de ofrendas, la misma fila de los fieles para recibir la comunión, o las que tienen lugar en ciertas celebraciones (en el Domingo de Ramos, para conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén; la de la Vigilia Pascual, la del Corpus...).

Pues bien, en sentido estricto es la procesión penitencial de una hermandad o cofradía la que debe convertirse en "estación de penitencia", cuya finalidad es dar testimonio público de la fe en Cristo Jesús.

"Estación" significa "parada", parada que se hace al llegar a la catedral y que antiguamente tenía lugar en otra iglesia, templo, basílica o santuario. Al respecto, conviene que recordemos que las "paradas" que se efectúan para meditar los distintos pasajes del santo vía crucis se llaman "estaciones". Por eso, "procesión" no es sinónimo ni es lo mismo que "estación de penitencia", porque en la procesión, por razones de orden lógico, se avanza a la vez que se camina. En defnitivia, la cofradía procesiona pero, sobre todo, debería hacer estación de penitencia al templo mayor de la ciudad.

Y es que la estación de penitencia nos evoca significados diversos que confluyen simbólicamente: somos parte del Pueblo de Dios y peregrinos que caminan hacia la Jerusalén Celestial, pues nuestra aspiración no son las cosas terrenas, sino que anhelamos la "ciudad futura" ya que, dijo el apóstol San Pablo, “somos ciudadanos del cielo” (Flp 3, 20) y tenemos aquí la ciudad permanente. A su vez, la estación de penitencia nos prepara igualmente para la Pascua de Resurrección en una peregrinación que, incluso antropológicamente hablando, implica un camino participativo, pues todos tendemos y buscamos lo mismo: gozar de la plenitud del amor eterno de Dios, nuestro Padre, orando juntos, haciendo penitencia unidos en una misma fe, cumpliendo así nuestra misión evangelizadora, catequética y de testimonio, en acto religioso público de fe esperanzada y esperanzadora.

Al mismo tiempo tiene una seria connotación, no solo de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sino también de conversión y reconciliación, de participación fraternal en los sagrados ritos. Por eso, vestirse de nazareno debería ser como "revestirse" del mismo Jesús de Nazaret; en cierto modo, es un recordatorio de nuestro bautismo. Y es que nuestra conducta no debe ser la de "salir de nazarenos", sino de volvernos a vestir, “revestirnos” espiritualmente" de tales, la de intentar imitar a Cristo, expiando penitencialmente nuestras faltas y debilidades para aspirar a ser verdaderos "cristos vivientes" por nuestra entrega y amor, por nuestra atención y ayuda a los hermanos, particularmente a los más desfavorecidos y necesitados.

Lo mismo que el Señor vino a este mundo para dar testimonio de la verdad, nosotros debemos proclamar también firmemente, sin miedo ni pudor, que, por encima de las apariencias, engaños y vanidades de este mundo, Cristo es la única Verdad, y que el mejor vínculo para hacerlo es la Virgen, Mediadora de todas las Gracias, que nos dijo: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5-6).

Y esa conversión interior de nuestro corazón que también significa la estación de penitencia, va acompañada de una catequesis plástica, expresiva del mensaje de salvación interpretado popularmente, pero de profunda raíz evangélica y evangelizadora. Esa conversión y confesión de fe debe ser para siempre, para toda nuestra vida, no circunscrita a las escasas horas que dura la estación de penitencia; y debe ser una conversión en la Palabra de Jesús, verdadera penitencia que complete los sufrimientos del Señor, no un sentimiento o una vivencia histórica que se repite cada año. Eso puede ser una buena tradición, pero a todas luces manifiestamente insuficiente si no va refrendada con nuestro proceder en el día a día de nuestras vidas, a pesar de las imcomprensiones y desengaños que podamos sufrir y que nos puedan herir, por muy dolorosos que puedan ser: es cumplir en nosotros lo que dijo San Pablo: “(...) Así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo,a favor de su cuerpo que es la Iglesia (Col 1, 24-25).

Todo ello cobra especial sentido, en nuestro caso, si hacemos estación de penitencia desde nuestro templo a la Santa Iglesia Catedral. La catedral es el templo más importante de la Diócesis, la madre de las madres de las iglesias que en ella existen, es el lugar neurálgico desde donde el obispo difunde la doctrina católica y sirve, como pastor, a la comunidad. Allí, desde la cátedra (de ahí el nombre de “catedral”), se impartía primitivamente las enseñanzas teológicas a los estudiantes que cursaban esta materia y a los seminaristas (me viene a la memoria el desconocimiento y la osadía de una carta al director publicada en un diario local, en la que su autor hablaba de la “soberbia” de nuestro anterior prelado por colocar la “cátedra” en el altar mayor). Incluso su gran tamaño sirve para albergar el mayor número posible de fieles, haciendo tránsito simbólico a la universalidad de la Iglesia, Madre y Maestra; y también a la unidad de los creyentes, con el obispo, protector de su grey, a la cabeza. Es, pues, signo del magisterio del obispo como pastor y maestro.

Por ello hacer estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral no es visitar una joya arquitectónica, contemplar una pieza de museo de valor extraordinario o algo de incuestionable valor artístico que debe ser admirado, o disfrutar simplemente de una anhelada visita turística. La Catedral simboliza esa Iglesia del Cielo, esa Jerusalén Celestial a la que el Pueblo de Dios se dirige en peregrinación. Allí en procesión, hacemos "parada" o "estación" ante el Santísimo, presente siempre en el Sagrario, para rendirle adoración, o nos detenemos, por estar reservado el Señor según los días de la Semana Santa, para adorar la Santa Cruz.

Esa es nuestra meta comunitaria como tal hermandad y cofradía: gozar del amor de Dios eternamente en el cielo, buscar refugio y cobijo en el Señor. Ese es nuestro destino y fin. Lo demás, nuestro andar y procesionar por la vida, es sencillamente algo pasajero y efímero, como lo son nuestros pasos; pero son precisamente los pasos bien andados, los dados desde el amor y desde una fe sincera y firme, a pesar sde nuestras debilidades y faltas, los que nos ayudan a avanzar providencialmente hacia la meta: Cristo, con la ayuda e intercesión de María en comunión y reconciliación con nuestros hermanos, expiando sincera y amorosamente nuestras faltas y debilidades bajo el cayado protector, ejemplar de nuestro obispo, en recto, justo y fiel caminar hacia la tierra promisoria del cielo. Así nos convertimos en imagen de Cristo, Luz del mundo y de la misma Iglesia (luz reflejada en los cirios que portan los nazarenos), salvados todos por la sangre derramada de Cristo y llamados a la gloria por su resurrección. Él  es a quien verdaderamente debemos seguir, pues como él mismo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6).

Y de esta conducta no deben estar exentos los costaleros, quienes son –deben ser-  unos penitentes más (como igualmente tienen que serlo los nazarenos), no debiendo olvidar aquellos que la verdadera "chicotá" es avanzar siempre en el seguimiento de Cristo y de la Virgen. Llevar bien los pasos puede ayudarnos a a acercarnos a Dios y a su Bendita Madre, pero lo que verdaderamente agrada a Cristo es que sigamos su ejemplo, sirviéndonos María como ayuda inestimable. A la Virgen le puede alegrar que la “mezamos” amorosamente, pero lo que en verdad le entusiasmaría y llenaría su corazón traspasado es que sus hijos, a los que quiere con locura de Madre Tierna y Buena, tengan como modelo a Jesús.

Hagamos, pues, de la Santa Iglesia Catedral algo nuestro, si somos católicos cofrades, como un verdadero punto de referencia de nuestras procesiones de Semana Santa convirtiéndolas en auténticas estaciones de penitencia; hagamos de la Catedral lo que verdaderamente es: un templo universal que nos une a los católicos de toda la Diócesis en la fe en Cristo Jesús. De esa manera, con respeto pero con contundencia, evitaremos y desterraremos equivocadas o torticeras opiniones por parte de quienes, partiendo de presupuestos erróneos, desorientados o parciales, esgrimen argumentos aparentemente jurídicos que subrepticiamente encubren pretensiones de otro tipo, y que lo que hacen es sembrar la confusión  en un claro desafío a lo que debe ser el rigor histórico-jurídico, y la búsqueda de la verdad. Opinar es gratuito, tener criterio requiere informarse y documentarse debidamente. ¡Son tantos y tantos los que opinan! Pero, ¿todos tienen criterio? Por eso no nos podemos arrastrar las hermandades por un cómodo crepúsculo de respeto ante todo y por una colectiva y alarmante relativización e indiferencia. Aunque haya gente que opina infundada o equivocadamente lo contrario, hay que reconocer que, a pesar de sus defectos e imperfecciones, gracias a la Iglesia gozamos de la libertad de la que otros países no católicos carecen. Y gracias a Ella, la crisis se está haciendo más llevadera. La Catedral está en buenas manos y así debe seguir, por el bien de Córdoba, por el bien de nuestras cofradías, por la misma conservación del templo mayor de la Ciudad, por el patrimonio histórico...Está por ver –lo he visto y vivido- que otras religiones permitan el culto compartido en sus templos (“a buen entendedor, pocas palabras bastan”).

 No privemos, pues, de sentido a algo que lo tiene para los católicos (se supone que las hermandades y cofradías pertenecen a la Iglesia -¿o no?-), a pesar de que no nos hallamos detenido a pensar sobre ello. ¿Acaso somos una peña o una ONG? Hagamos una reflexión seria, profunda y sincera del significado que tiene hacer estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, avalada por el peso de la propia historia de no pocas nuestras cofradías (lo que merecería un estudio aparte), y que tengamos siempre presente que las hermandades nacieron por la fe, deben vivir de la esperanza, y nutrirse diariamente en el ejercicio de la caridad.

 

In Domina Nostra.

 

Juan José Jurado Jurado

hermano mayor de la Hermandad

de Nuestra Señora de los Dolores y del Santísimo Cristo de la Clemencia.


lunes, 24 de marzo de 2014

D.E.P. Don Adolfo Suárez

La Real Venerable e Ilustre Hermandad Servita de Nuestra Señora de los Dolores y el Santísimo Cristo de la Clemencia quiere manifestar su pesar por el fallecimiento en el día de ayer de D. Adolfo Suárez, y hace extensible sus condolencias, en nombre de todos los hermanos de esta corporación y en el de su junta de gobierno, a sus familiares y amigos.

D. Adolfo Suárez , primer presidente de la Democracia de este país y uno de los padres de la actual Constitución, visitó nuestra casa en el año 1979,  donde rezó y se encomendó a Nuestra Señora de los Dolores y al Santísimo Cristo de la Clemencia.

Elevamos oraciones ante nuestros Sagrados Titulares por el alma del fallecido, en la seguridad de que pronto gozará del reino celestial, colmando a la familia del consuelo necesario ante tan irreparable pérdida.

Imagen del archivo de la hermandad: Adolfo Suárez firmando en el libro de oro de la hermandad en el año 1979
 
 

domingo, 23 de marzo de 2014

Cartel Viernes de Dolores 2014

Estimados Hermanos.

Durante el concierto que hoy ha ofrecido la Banda de Música Ntra. Sra. de la Estrella en honor de Ntra. Sra. de los Dolores, ha tenido lugar la presentación del cartel viernes de dolores 2014.

Os mandamos el cartel, que puede recogerse en nuestra hermandad con un donativo de 1,50 €.

Sin más, un saludo

Pergrinos de ti, María

Organizado por la vocalía de Juventud, la hermandad de los Dolores viajó en el día de ayer a Sevilla  para participar en los actos del ‘Año Jubilar’ que celebra la hermandad de ‘La Macarena’ con motivo del cincuenta aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen de la Esperanza.
 
Más de 50 personas integradas por miembros de la Junta de Gobierno de la cofradía y un nutrido número de hermanos se trasladaron en un autobús y vehículos particulares hasta la ciudad hispalense el pasado 22 de marzo con el fin de obtener la Indulgencia Plenaria.
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Tras la llegada, fueron recibidos en el centro de recepción de peregrinos, alrededor de las 11:30, desde el cual comenzó la visita guiada por el museo de la hermandad macarena. Acto seguido, a las 13:15, la cofradía participó corporativamente en el jubileo con la celebración y participación en la ‘Misa de Peregrinos’ en la Basílica de la Macarena.
 
La cofradía fue recibida en el atrio de la basílica, por una representación de la hermandad de la Esperanza tras lo cual tuvo lugar la Eucaristía. El guión corporativo estuvo situado en el altar, al igual que la ofrenda floral de la cofradía a la Virgen Macarena. Tras la celebración y la entrega de obsequios por ambas corporaciones se visitó el camarín de la Esperanza.
 
 
 
 
 
 
Los asistentes de manera voluntaria, podían solicitar un certificado,  personalizado con su nombre y apellidos, por el precio de 2 €, y cuya recaudación está destinada a la obra social de la hermandad de la Esperanza. Dicho certificado, es emitido por la hermandad de la Esperanza Macarena, en nombre de la Penitenciaría Apostólica, la cual, por mandato del Sumo Pontífice, concede la Indulgencia Plenaria durante el Año Jubilar Macareno a los fieles cristianos que, estando en las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por la intención del Santo Padre), visiten en peregrinación la Imagen de María Santísima de la Esperanza Macarena y participen devotamente en las funciones sagradas o en los ejercicios de piedad, o al menos durante un tiempo adecuado meditaran piadosas consideraciones, concluyendo con la Oración del Señor, el Símbolo de la Fe e invocaciones a la Bienaventurada Virgen María.